Betacariofileno: el terpeno de la pimienta que apunta al CB2
El betacariofileno (BCP) es el terpeno picante de la pimienta negra, el clavo, el lúpulo y el cáñamo. En 2008, un equipo de la ETH de Zúrich midió su unión al receptor cannabinoide CB2; al CB1 no se unía, y por eso no es psicoactivo. Un laboratorio independiente solo ha hallado después una interacción débil, y los datos en humanos se reducen a estudios pequeños. La Unión Europea lo autoriza como aroma alimentario, sin ninguna declaración de propiedades saludables.

- 01¿Qué es el betacariofileno?
- 022008: una unión al receptor CB2 medida en Zúrich
- 03Un resultado que no todos los laboratorios reproducen
- 04En humanos: datos todavía escasos
- 05Un aroma alimentario autorizado, sin declaración de salud
- 06Vaporización: ¿130 °C o 256 °C?
- 07Lo que cambia al elegir una flor
- 08Preguntas frecuentes
Lo esencial
- Químicamente, el BCP es un sesquiterpeno. No se une al receptor CB1 y no coloca.
- En 2008 se midió su afinidad por el receptor CB2 en 155 nanomolar; en 2020, un equipo neozelandés solo observó una interacción débil.
- La UE lo autoriza como aroma con el número FL 01.007, sin ninguna declaración de salud reconocida.
- Hierve a 256 °C a presión atmosférica; los 130 °C que dan las tablas de vaporización se midieron al vacío.
¿Qué es el betacariofileno?
Los terpenos son las moléculas volátiles responsables del olor de las plantas. El betacariofileno da las notas picantes y amaderadas de la pimienta negra, el clavo, el lúpulo, el romero o la albahaca. En química se clasifica como sesquiterpeno: tiene 15 átomos de carbono, frente a los 10 del mirceno o el limoneno, y es más pesado y menos volátil que ellos.
El cáñamo también lo fabrica. Según el estudio de 2008 que se describe más abajo, puede llegar al 35 % del aceite esencial de Cannabis sativa. Sus autores calculan una ingesta alimentaria habitual de 10 a 200 mg al día, que llega sobre todo con las especias.
Varias flores del catálogo de Phytogrammes tienen descrito un perfil amaderado y resinoso marcado por el β-cariofileno, como la NYC Diesel o la Skunk. Nuestro artículo sobre el papel y la química de los terpenos sitúa el BCP entre los demás compuestos aromáticos del cáñamo.
2008: una unión al receptor CB2 medida en Zúrich
En julio de 2008, Jürg Gertsch y su equipo de la ETH de Zúrich publicaron en los Proceedings of the National Academy of Sciences un artículo de título explícito: «Beta-caryophyllene is a dietary cannabinoid». Sus resultados caben en tres mediciones.
- El (E)-betacariofileno se une selectivamente al receptor CB2 y lo activa, con una constante de afinidad (Ki) de 155 nanomolar. Un Ki más bajo indica una unión más fuerte.
- Su unión al receptor CB1, el que produce los efectos psicotrópicos del THC, no es significativa.
- En ratones, 5 mg por kilo por vía oral redujeron con fuerza una inflamación provocada en la pata; en ratones sin receptor CB2, ese efecto no apareció.
El receptor CB2 está sobre todo en las células inmunitarias y en la periferia del cuerpo. Cuando los autores hablan de «cannabinoide alimentario», describen un comportamiento farmacológico; la familia química es otra. El papel de estos dos receptores se explica en nuestro artículo sobre el sistema endocannabinoide.
Un resultado que no todos los laboratorios reproducen
Un resultado de farmacología gana solidez cuando otro equipo lo reproduce. En 2020, en la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), un grupo probó cinco terpenos del cannabis, BCP incluido, en los receptores CB1 y CB2. Según su artículo en Frontiers in Pharmacology, ninguno de estos terpenos actúa directamente sobre esos receptores, salvo quizá el BCP, con una interacción débil con el CB2. No registraron ningún efecto funcional, ni con los terpenos solos ni mezclados con THC o CBD.
El desacuerdo no invalida el estudio de 2008. Indica que las condiciones del ensayo influyen en el resultado, y que una afinidad medida en un tubo de ensayo no dice nada de lo que pasa tras una inhalación o una comida. Debilita además la idea, analizada en nuestro artículo sobre el efecto séquito, de que los terpenos refuerzan el CBD actuando sobre los receptores cannabinoides.
En humanos: datos todavía escasos
Hay estudios en humanos, todos pequeños. En 2022, un equipo alemán midió por primera vez el destino del BCP ingerido: 24 voluntarios sanos recibieron una dosis única de 100 mg, en aceite o en una formulación emulsionada. Con el aceite, el pico en sangre se alcanzó a las 3 horas aproximadamente. Los autores partían de una absorción oral que en animales se considera baja, y la formulación emulsionada duplicó la cantidad que llegó a la sangre.
Ese mismo año, un ensayo iraní publicado en Appetite dio a 52 mujeres 100 mg de BCP al día o un placebo durante 8 semanas. En un cuestionario sobre adicción a la comida, la puntuación bajó más con BCP que con placebo, en el límite de la significación estadística. Peso, apetito, estado de ánimo y hormonas medidas no difirieron del placebo. Un ensayo de este tamaño no basta para atribuir un efecto al BCP, y todavía menos a las cantidades que contiene una flor.
Un aroma alimentario autorizado, sin declaración de salud
El Reglamento (CE) n.º 1334/2008 incluye el betacariofileno en la lista de aromas autorizados de la Unión Europea con el número FL 01.007. El Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) lo evaluó en 2004 con el número 1324. No encontró motivo de preocupación para la seguridad en los niveles de ingesta ligados a su uso como aroma. En 2015, la EFSA revisó el expediente en su evaluación de grupo FGE.78Rev2, a raíz de nuevos datos de genotoxicidad y de un estudio de 90 días en ratas.
Esto tiene dos consecuencias prácticas. Que aparezca en un alimento o en una flor es corriente y no hace del producto una preparación cannabinoide. Tampoco se le puede atribuir ninguna declaración de salud: el Reglamento (CE) n.º 1924/2006 solo admite las declaraciones de la lista de la Unión, donde el BCP no figura. Un vendedor que afirme que un producto con BCP actúa sobre la inflamación incumple la norma, diga lo que diga la literatura en animales.
Vaporización: ¿130 °C o 256 °C?
Muchas tablas de vaporización atribuyen al betacariofileno un punto de ebullición de unos 130 °C. La ficha de PubChem muestra de dónde sale esa cifra: 264 a 266 °F, unos 130 °C, medidos a 14 mm de mercurio. Esa presión corresponde a un vacío parcial, menos del 2 % de la atmosférica. A presión normal, 760 mm, la misma ficha indica de 256 a 259 °C.
Un terpeno empieza a evaporarse mucho antes de su punto de ebullición, de modo que parte del BCP se libera a temperaturas menores. Aun así, 130 °C no es un ajuste de vaporizador. Los niveles útiles y sus fuentes se detallan en nuestra guía de temperaturas de vaporización.
Lo que cambia al elegir una flor
En la práctica, cambia poco. Los terpenos se evaporan con el tiempo, el calor y la luz. Si una flor conserva un perfil picante nítido, es sobre todo porque se secó y se guardó bien: es un indicio de frescura, sin promesa de efecto alguno. Nuestro artículo sobre el secado y el curado explica por qué.
El documento de referencia sigue siendo el certificado de análisis del lote, con los niveles de cannabinoides y un Δ⁹-THC por debajo del 0,30 %. Si el laboratorio mide también los terpenos, el BCP figura como porcentaje de la masa. La página del laboratorio describe los métodos de medición, y las referencias amaderadas están en la categoría de flores de CBD.
Preguntas frecuentes
Por su química, no: es un sesquiterpeno. La expresión «cannabinoide alimentario» del estudio de 2008 alude a su unión al receptor CB2, y su estructura es la de un terpeno.
No. En el estudio de 2008 no se midió ninguna unión significativa al receptor CB1, responsable de los efectos psicotrópicos del THC.
Principalmente la pimienta negra y el clavo, y también el lúpulo, el romero y la albahaca. Se calcula una ingesta alimentaria habitual de 10 a 200 mg al día.
A presión atmosférica hierve a 256 °C. Los 130 °C que repiten las tablas se midieron al vacío, a 14 mm de mercurio, y la molécula empieza a liberarse mucho antes de su punto de ebullición.
Como criterio de efecto, no sirve: en humanos no hay nada demostrado. Un perfil picante bien conservado indica sobre todo un secado y un almacenamiento cuidadosos, y se valora junto con los niveles de cannabinoides del certificado.
Redactado por el equipo Phytogrammes
Cada artículo del diario se apoya en fuentes primarias citadas: ANSM, EFSA, EUR-Lex y publicaciones revisadas por pares. Los perfiles de producto se distinguen de los resultados de laboratorio documentados. Nuestro enfoque.
Artículo publicado el . El CBD no es un medicamento.